El firme despropósito

El sermón nos tocó la fibra y nos propusimos la enmienda, quedarnos en el costo y pasar del resto de flaquezas mundanales que ponían en riesgo la salvación de nuestras almas. Sin embargo pronto evidenciamos que los porros no casaban con nuestra nueva deriva levítica, y la segunda noche de convivencias cristianas ya la liamos parda. El Cristo de Pedriches, la talla de madera del s. XVII realizada por el maestro Guzmán, y que presidía el ábside central de la iglesia de Los Corredores, amaneció con resaca en el estercolero del pueblo con unas bragas de látex negro encasquetadas sobre la corona de espinas. Asistimos a las manifestaciones públicas de repulsa que se convocaron durante los meses siguientes, y firmamos, indignados, las peticiones en las que se instaba a las autoridades consistoriales a descubrir, detener y castigar a los responsables directos —e indirectos si los hubiere— de aquel acto de vandalismo y sinvergüencería.

3 Comentarios:

Le.chatnoir dijo...

Ufff una de mis películas preferidas!
Y si, los porros a veces no casan bien con ciertas derivas...jejeje

Besos.

Caroline Blacksmith Bay dijo...

Con un par y sin bajar la mirada. No hay mayor perjurio para la iglesa que el ser humano y yo creo firmemente que debemos darles la razón a cada oportunidad.
Un beso inmenso

Manuel Marcos dijo...

Lo tunante no quita lo valiente, Antero, estas prosas arden.

un abrazo

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