Niña hembra

          mujer
porque con tus cachas de hembra
me hundes
me sostienes
me preñas

          chiquilla
porque golosa, desvergonzada
aguardas estos versos hechos
con corazón bueno
y cabeza mala



—De los churros del Zurita. Y de los cigarros espaciados. Uno cada tanto. Y de los perros callejeros. ¿Te has fijado que ya no vagabundean perros callejeros? Y del Mazinger. Y del ¿cómo están ustedes? Y del cambiar de canal desde la tele... ¿Y tú?
—De cuando el Sandokán te cascó porque le gritaste delante de la peña que no me llamara putarrona. Y tú, «¡que no es una puta!». Y él, pumba. Y tú, que te levantabas, enclenque y mula, a recibir otro leñazo, y otro leñazo, hasta que te lanzó por las escaleras. De tu rodilla a lo Geypermán y la cabeza abierta. De que me pensé que estabas muerto, y entonces me lamiste las lágrimas y susurraste que sabían a mar. De que te monté a coscoletas la avinguda Almería, la Ronda Ample y la riera de Las Cañas, para cruzar luego el puente Oñate, los huertos de los yayos y atajar por el cementerio Vell y los polígonos de Can Verd hacia el ambulatorio del distrito Nou. De la helada. De la noche demonia. De tu sangre que me lloraba la cara, y tú, agarrado a mis tetas, por si la diñabas, irte al hoyo contento.
—¿Y de los churros del Zurita, no?
—También, también, de los churros con chocolate del bar Zurita también me acuerdo.

3 Comentarios:

Sarco Lange dijo...

Si alguna vez doy a luz quiero verte enredado en la placenta y te amo.

Jesús Alcalde dijo...

Es antiguo lo que escribes y añejo. Es esto un piropo, Antero.

Mil besos.

Le.chatnoir dijo...

Has conseguido que regrese unos cuantos años patrás! fuuuaaaa el Mazinger...menuda camiseta tenía de él! ;)

Besos.

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