El borreguito del Norit

¿Habéis tenido en brazos un cordero? ¿A que no existe ser tan cautivador y mimosón, capaz de derretir las almas más mezquinas y perversas y poner chiribitas en las pestañas de Jason Voorhees? Pues bien, hace la hostia, cuando desempaquetaban el Universo y todavía atufaba a serrín y plástico, cuentan que el diablo se encariñó de un corderito. Insólito acontecimiento como suponéis, pero no a causa de que don Cornudo desconociera la ternura y tuviera mohosos los entresijos amatorios —los últimos estudios sobre la materia apuntan a que el diablo es diablo porque ama—, sino por la circunstancia de que Satanás, en aquellos milenarios entonces, por estar la Creación creándose, patas arriba, y con escaso trasto en su sitio, no tenía mendrugo de pan que llevarse a la boca y padecía un hambre canina.

¿Os imagináis a Satanás bien cebado, orondo y mantecoso como obispo, repantingado en su trono de calaveras mientras escucha con deleite melómano los alaridos de las almas en pena que se cuecen en sus calderos? A que acojona, ¿eh? Pues ahora figuráoslo famélico, enclenque, hiperactivo a causa de la jalufa, lamiendo el moho de las piedras y milimetrando cada efluvio husmeado en pos de carne fresca… Y sí, con un corderito a mano.

El diablo combatía a brazo partido contra su desnutrida condición demoníaca que le instaba a trinchar al animal y zampárselo a palo seco. Y cuando sus retuertas uñas espulgaban el lanudo cuello del borreguito adormilado en su regazo, entre atormentados sudores lograba que el gesto derivara hacia una lánguida caricia. Y cuando le hacía fiestas, arrumacos y besuqueos y sus babeantes colmillos cobraban vida y se cernían como mandíbulas de tiburón sobre aquella chicha lechona, tragaba saliva a mares y conseguía que el rictus mutara en un maternal lametón.

En este plan, días y días. Hasta que, espoleado por esa misma hambre que lo devoraba —artilugio que afila el ingenio y que antes de matarnos da con la solución si la solución existe—, el diablo, al fin, maquinó el ardid que le libraría de morir por inanición.

Creó al hombre.








Bansky

4 Comentarios:

P MPilaR dijo...

Una vez tuve un ternasquito en los brazos. Y se nos corto para siempre
ka prudencia
ka justicia
la fortaleza
la templanza y ka libertad de prensa.
Luego llegó el maldito año de nieves, año de males y
fin.
Rajoy que no me quita ojo...
bss

P MPilaR dijo...

la y la. corrige el ka bis

P MPilaR dijo...

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Una vez tuve un ternasquito en los brazos. Y se nos corto para siempre
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