Entiendo

—Le pateé y le pisoteé la cabeza hasta que los moratones sanguinolentos ocultaron cualquier atisbo de rostro.
—Entiendo.
—Hundí mis garras en su pecho, palpé corazón, y se lo extraje pausado, saboreando el irse partiendo, como filamentos de queso fundido, músculos, nervios y arterias.
—Entiendo.
—Luego defequé en el hueco de su cavidad pectoral. Así me detuvo la policía.
—Entiendo.
—¿Sabe lo que más me inquieta, doctor?
—No.
—Que cada semana, cuando me pide que lo reviva, soy feliz.
—Entiendo.

Dr. WILBERT, Adam. "Charlas con el Coyote" en Adentros, Revista de Psiquiatría y Psicología, num 113, FUNDACIÓN ACME, San Diego, diciembre de 2007.




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4 Comentarios:

Beatriz Boca dijo...

Entiendo. Y quiero entender.

jojoaquin dijo...

la morbosidad de la bata blanca es implacable. Un placer leerte

klee dijo...

Que el acto de asesinar a otro ser humano sea placentero para algunos es desconcertante y aterrador.

un saludo antero¡¡

MAR dijo...

qué violencia más sabrosa, me gusta

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