La normalidad

Venía de fuera
y cantaba bulerías y rumbitas
con letras chulas;
mucha manteca de hembra,
mucha pasma, mucho talego,
y medio tocaba la guitarra;
          de oídas,
          claro.
Ponía a las chavalas ariscas y señoritingas.
No te podías arrimar
porque como leonas estiraban las uñas
y marcaban el territorio de sus carnes.

A mediados del verano
el Sandokán y otros dos,
          pero a la cabeza el Sandokán,
lo cogieron por banda
le cascaron una paliza
y lo despelotaron en la avinguda Almería.
Y ya que estaban en faena,
y por aprovechar el viaje,
le investigaron el ojete
con el mango de un tornavís.

Allí
en la avinguda Almería.

A tiempo para que las cosas,
el resto de aquel verano,
volvieran a la normalidad.




.

4 Comentarios:

La Navaja de Occam dijo...

La normalidad sin rumbitas ni bulerias...normalidad de sopas de ajo.
Pulgares arriba

jojoaquin dijo...

siempre grande, Antero. Nos matan a todos los ruiseñores. Un abrazo

Sarco Lange dijo...

Yo vi esa noche al Carmelas, fumaba como condenado, reía y seguía fumando. Te digo que lo vi. Usaba pañolete.

Abrz.

Bigmouth dijo...

Siempre me toca comentar después de Sarco y es una jodienda la verdad. Espero que por caridad en tu siguiente entrada este buen hombre me deje comentar a mi primero.
como siempre Antero, GRANDE.
Un abrazo.

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