Cartillas escolares, tierra del cementerio, jabón y bocadillos de chorizo

«lírica teñida de rojo burdel»
miss Desastres, otoño 2012

—¡Dame un libro que enseñe palabras!
Toma castaña, que no hay guiño vacileras a la compañera que no enmiende un estacazo de los que crujen napias.
—¿Te lo repito?
La bibliotecaria se sorbe los mocos rojos. Lloriquea. «¿Car… tillas escolares?».
—Tú eres la que controla, pero como no funcionen, vuelvo.

***

—A mí no me acojona el cementerio de noche, ¿y a ti?, ¿te acojona el cementerio de noche?, de ahí, de ese jardincillo me agencio la tierra, no te rajes, primo, líate uno mientras me pongo a cavar, y tranquilo, que un cementerio no mata, los que nos han de acojonar son los vivos, ¿a que sí, primo?, ¿a que son los vivos los que reparten la muerte?, como el Chaché, lo suyo es veneno de alacrán, ¿viste lo que le trajinó a aquel notas?, ¿lo viste, primo?, qué dolor que te pinchen el cipote, chorreaba manguerazos de sangre, lo facturaron a urgencias pero ese no llegó, ¿a que no, primo?, ¿a que ese estiró la pata durante el viaje?, joder, el Chaché asusta al miedo, vaya que sí, pero el material le ha costado un pastizal y no consiente que chulitos se las encoñen, ¿a que no exagero, primo?, ¿a que el Chaché es Satanás en asturiano?, ¿a que hay que estar mongólico para camelarle un higo?, a mí ese tiparraco me jiña, no le cuelan ni el pelo de una gamba, ¿y a ti?, ¿te acojona el Chaché y su parentela: el Moñas, el Tedy, la Loreto?, aquel gominolo de Tarragona, el guaperas y curita, ¿sabes quién, primo?, el Benabí, pues también intentó tangarle un coño al Chaché, y de los palos que le zumbaron estuvo una temporada cagando en silla de ruedas, ¿a que sí, primo?, ¿a que de la paliza lo dejaron paralímpico?, pero aun así le debía colear la cacharra porque el notas, en la silla de ruedas, no salía de El Cheguevara, y nadie se apalanca allí a echar la partida de dominó, ¿a que no?, ¿a que nadie va al garito del Chaché a estar a dos velas?, ¿y tú, primo?, ¿rulas por el negocio del Chaché?, yo tela marinera, allí me pulo lo que le saco al Zurita o racaneo por el barrio, con la Rusa, ¿tú conoces a la Rusa, primo?, ¿no?, impresionante, una preciosidad de chavala, con tal de tenerla pillada no la enseñan a hablar, ¿y qué?, parece fugada de la tele, yo, sin que se cosquen el Moñas, el Tedy o la Loreto, le explico trastos que le señalo, «al-par-ga-ta», «col-cha-ro-ño-sa», «cu-a-dro-de-mi-er-da-con-pe-rros», o las lecciones de las cartillas, «Raúl roncaba en el río», «la rata roía la rueda», se lo empolla rápido, es espabilada, pero lo repite muy ruso, mientras papea, con la boca llena, que engulle a lo África, «rrrraúl», «rrrrata», «rrrrueda», yo me troncho, y ella me sonríe, uf, primo, una pasada cuando la Rusa sonríe, te derrites, incluso apetece ser buena gente, ¿a que sí, primo?, ¿a que cuando posees un motivo no te vuelves ñoñas por ser buena gente?, yo todavía aguantaré en cabrón un año, que me saldrán callos de cascársela al Zurita, si se la chupo me ha jurado por su difunta madre que me regala el bar, pero no me lo trago, ¿a que no, primo?, ¿a que la maricona del Zurita no es de fiar?, prefiero conformarme con lo que me paga por las pajas, si se la mamo y resulta que me pirula lo trincho en canal, ¿en serio que no has visto sonreír a la Rusa, primo?, a mí me mola una barbaridad, y me la voy a camelar, por eso cuando se baja las bragas le contesto que paso, que ya habrá tiempo, que a estudiar palabras, y al terminar con las cartillas y el papeo, antes de pirarme, le lavo la rajita, ¿a que sí, primo?, ¿a que un chocho de puta limpito es igual que el chocho meapilas de la Julia Otero?, se despatarra en el bidé y yo le friego su asunto, y entonces le toca a ella partirse de la risa, joder, primo, es oírle las carcajadas y olvidarme del tufo revenido a polla viejuna del Zurita, que no se me borra de las manoplas ni que me las queme con lejía, ojalá nunca se nos acaben las palabras, ¿a que no, primo?, ¿a que las palabras no se pueden acabar?, ¿a que hay millones?, pero palabras de personas, palabras que sirven, «bocadillo de calamares», o «el café está frío, te lo metes por el culo», ¿eh?, palabras de entenderse, no las palabras de tus mierdas de coplas, ¿a que sí, primo?, ¿a que hay millones de palabras que sirven?, hace la hostia que no cata el sol, la han entalegado en su cuartucho y allí curra y duerme, así me aclaró la Loreto que les comen la moral y las doman, con eso y con los mimos de las veteranas, por ventana le han colgado un póster playero y la Rusa me lo muestra, yo sol no le puedo apañar, pero tierra sí, tierra sí que le afano, ¿para qué?, para olerla, lo flipa oliendo la tierra, qué raras son las tías especiales, ¿a que sí, primo?, ¿a que las tías especiales son especiales porque convierten del montón a las demás?, amasa la tierra y la huele como flores, se hinca la respiración, luego la lanza al váter, que no se escame la Loreto... Pásame la mochila, que he cavado de sobras, molaría cargar más, pero el doble fondo está petao, ¿a que sí, primo?, ¿a que el doble fondo de la mochila está petao?
—Carrillo, aquí hay bocatas.
—Sí, de chorizo. Para que la Rusa coja carnes. Y fuerzas. Que tendremos que correr bastante.




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2 Comentarios:

Le.chatnoir dijo...

Ojalá nunca se te acaben las palabras...

Besos.

David Mariné dijo...

poesía.
abrazo gordo Antero.

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