Recuerdos aplacados

Por aquellos entonces andaba de carnes con la dueña de mi pensión, una murciana cuarentona, chiquita y salerosa, que en mitad de la faena solía arrancarse a llorar —pero a moco tendido— por un novio que se echó en Pozuelo de Alarcón y que se le murió de no curarse unas ronchas en el cuello que fueron a peor. «Tú sigue, sigue, no te distraigas —me animaba sorbiéndose la nariz—, es que una es muy sentida, y con los meneos del joder se me remueven los recuerdos aplacados».




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6 Comentarios:

Manuel Marcos dijo...

Qué metáforas, Antero, de una solidez maravillosa. Un abrazo, poeta.
Salud

Carolina Badia dijo...

palabras de perro callejero donde se cuece la vida.
Un beso grande

Le.chatnoir dijo...

Es que ya sabemos que con los meneos del joder se remueve hasta el píloro!

Besos.

Sarco Lange dijo...

Joder es una etapa previa al gozo. Entremedio aparecen los recuerdos aplacados, pero llorar el orgasmo es como sacarle el gas a la Coca Cola.

Abr.

Jesús Alcalde dijo...

Creo que te voy comprendiendo, Antero, lo que te pasa a ti es que eres un incomprendío.

Y cuanto más te comprendo, más te quiero.

David Mariné dijo...

bien Antero, muy bien, pero vamos al asunto: te dejó de cobrar la pensión?
abrazos.

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