Urgencias

tres meses en la UCI
pese a que el equipo de guionistas
me había prometido un carromato de heno

tiempo
de sobras
para que mis huesos se soldaran con la certeza
de lo que me aguarda
tras esa esquina
desconchada
puntiaguda
y habitual



LA PANTERA ROSA: Yo estoy aquí por mi nieta, que la ha preñado uno del barrio, y anda con el bombo y de fiesta, y le han entrado dolores, o eso vocea ella, ¿dolores?, le digo yo, a ti lo que se te antoja es que estén por ti, y el otro está a lo que está, a lo suyo: sus amigotes, su beber y su fumar, ¿pero adónde vas tú con este barrigón y este frío de febrero?, déjalo que ajile al infierno, y ella que se me abalanzó a morderme, que cuando se enciende, rabia y se mea en Dios, que ni la médica de los nervios la puede enderezar con el dineral que nos habremos gastado, «¡cucha, que en mi chocho mando yo!», así me contesta la tunanta, porque de tan consentida parece señorita ricachona, y le discutes la contra, y se revuelca por el piso y pone los ojos en blanco, pero ya crucificarán los dolores de parto a esa tunanta, ya la crucificarán, ¿o qué se cree ella, que lo de parir se lo toreará la madre como lo demás? (…) ¿Que me dejas que te trastee la cigala?, así, arrimaditos, nos damos calor, porque aquí no enchufan la calefacción ni que los maten (…) Y el belén principia porque la tunanta recelaba de que el otro fiesteara solo, el que le hizo la barriga, «que hay mucho pendón en el barrio», y la madre, «vete con ella, mujer, vaya que se desgracie», y hala, a vestirme de monigota y a correrme con mi nieta el pasacalles, ¡qué folletines de novela!, y el berrinche que la mortifica, escúchame lo que te digo, es por lo que te dije, porque el otro, durante la jarana, no ha estado por ella, el otro se fundía la juerga con sus amigotes, al rato un besuqueo por compromiso, un «¿cómo está mi mami?», y va que chuta, y la tunanta de mi nieta, del coraje de que el otro la aculara al trastero, se ha endemoniado, y se ha quejado de que le dolía el nosequé y el nosedónde, para pincharlo y que la trajera al hospital, pero el otro ¡qué la va a traer al hospital!, ¡leches fritas!, aquí, a apechugar, servidora, la que lleva apechugando desde que la tunanta berreó en el paritorio, por Dios, por Dios, por Dios, ¡el cuadro se cae a trozos de feo! Oye, qué pálido estás, ¿no?, lo tuyo no es corriente, coño, no hay manera de ponértela dura, espérate, espérate aquí, que aviso a ese enfermero, que nos tienen olvidados como a tos de pobre…




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4 Comentarios:

Le.chatnoir dijo...

Oiga usted: Menuda barbaridad!!

Besos.

Sarco Lange dijo...

Entre mis amigotes mi fumar y mi beber te pronostico que el dolor no se pasa en los hospitales tampoco el amor se pasa en la polla dura ni menos un poeta se pasa de vida subiendo por los andamios en aquellos lujosos edificios.

Un abrazo Antero por Dios.

David Mariné dijo...

tú eres uno de esos pocos, vamos, contaos con los dedos d'una mano, de los que no se tienen que morir nunca. por mis cojones que tú no te mueres.
abrazos amigo.

Jesús Alcalde dijo...

Este ya esta muerto. Como Roy Orbison, que aún dió más de veinte conciertos después de frito y el tío era el Cid con guitarrica...

Nos tiés a tos acojonaos, nene... Tápate con el frío, que ya eres patrimonio nacional.

Textos del CdC bien peinados


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