¿Tienes lumbre?

La claridad a peso que se filtraba por la lucera nimbaba el caballito de cartón como a enfurruñado espectro de niño consentido. Escalofriaba suponer que los cachivaches entrastados en el desván pellejaban pensamientos. No digo pensar, que eso está sabido que no. Digo acumular propósitos, impulsos; corvados y polvorientos. Igualito que los muertos encogidos. Los que a causa de la estrechez del féretro o las prisas de sus deudos, fueron calzados retorcidamente en el ataúd, y cuyas ánimas incómodas, que no alcanzan el rango de almas en pena, merodean por los camposantos pidiendo lumbre, y, sin recibir contestación, se alejan entre hondos alientos y saboreados desperezos.




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1 Comentario:

Sarco Lange dijo...

Para que lo entiendas: sentado en la mesa de una tasca de 1800 rodeado de vaqueros hediondos a sudor y con sus hocicos pestilentes de alcohol falsificado. Entonces tu texto.
Entonces que se abre la puerta y entra el comisario, bigotón de cinco libras y calzoncillo enmierdado. Que se asoma la bailarina al oír los tacones del gendarme. Y el balazo Antero. Y el balazo.

Beso.

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