¿Amor?, ¿quién pidió tanto en invierno?

¿Vosotros podéis vivir después de un polvazo? ¿Podéis? Cuando el sexo no es sexo. De esos tientos que te grafitean la mente de psicodelias. Y luego, por muy gilipollas que te matricularan, no se te ocurre abaratarlo a palabras; dichas, escritas o pensadas. Te nacionalizas estatua. Y desconectas. Y el cansancio resulta sabiduría. ¿No os sucede que cuando folláis de vicio el cansancio resulta sabiduría? ¿A que sí? A mí un polvo pata negra me deja budista. Bobo perdío. No asomo a la calle. No me afeito. No me ducho. Papeo a deshoras. Voy estreñido. Y no hago otra tontá que chuparme capítulos y capítulos del Son Goku en el youtube.

Por eso ella me acojonaba. Era verla aparcar la DKW y rallarme a pistón: que no me entre, que le firme el albarán el Chon, que no me entre, que le firme el albarán el Chon, que no me…

«¿Quedamos a las diez?».

Microbia voz. Cabeza gacha. Gafas-culo de botella de champán. Con menos carnes a cuestas que una ecuación matemática, enanita, 40 tacos y Harry Potter en el bolsillo culero del mono de trabajo. ¿Otra de esas feas que pasan desapercibidas? Lo suyo habría que englobarlo en la invisibilidad.

Yo por entonces cuidaba los perracos de un tipo. Llamémosle Álvaro. En una finca en el extrarradio de una ciudad. Llamémosla Madrid. Los alimentaba. Les limpiaba las jaulas. Los aireaba. Y los dopaba a lo ciclista para que, llegado el momento, mordieran con las tripas en cabestrillo. Compartía currele con un socio. Llamémosle Chon. Fue él quien me lo reveló.

—¿Has catado las mosquitas muertas?
—No.
—Canela en rama, Coplero.
—¿Todas?
—Coño, «todas» es una enormidad de palabra. Pero con esa no me equivoco. Fíjate cómo descarga los sacos de la furgo. Uf, espabílala y fliparás.

Ella trabajaba de Pepe Goteras y Otilio en los negocios de Álvaro. Llamémosla Adela. «Adelita, humedades en uno de los privados», «Adelita, la máquina de los condones se atasca», «Adelita, el lector de tarjetas de crédito se ha fundido», «Adelita, la bombona», «Adelita, la cisterna», «Adelita, el aire acondicionado», «Adelita, ¿has transportado el pienso de los perros a la finca?».

No rechacé ninguna de sus proposiciones. Aunque me acojonara, ninguna. La noche de estreno en su piso me formé una idea del espécimen de hombre que había rulado por allí. Su padre o un hermano. Los que instalan el frigorífico. Un Testigo de Jehová. Nadie encamable.

«Quédate. Hay jamón».

¿Y follar sin besar? ¿Habéis follado sin besar a una tía? Pero nunca nunca. O sea, nunca. No un aquítepillo aquítemato en el ascensor. Digo nunca. ¿Cuánto dura el amor?, ¿pongamos veinte o treinta polvos?; pues esos treinta polvos de pie, oreja contra oreja, sin rozarse las napias, y venga, pim pam, pim pam, a cortar jamón. Lapada a mí. Ensamblada a mí. Idéntico a esos náufragos que se abrazan con pies y manos al mástil del buque que se hunde. Ensartándome su costillar de Rocinante como una loca cuerda que no aúlla, que no se arranca mechones a puñaos; una cuerda loca que ha desentrañado la fórmula que nos remienda los descosidos: abrazarnos. Desnudos. Santos. Su coño sorbía, como sorben las abuelas la sopa. Y la etíope osamenta de sus caderas, navaja abierta, se me incrustaba en achuchones, acérrima antagonista de coreografías y jolgorios pornoteatreros. Jadeaba en cine mudo y se corría hacia sus desvanes, rebañando el plato con educación.

—Cuando curraba en el casino de Torrelodones me rocé con una tía que bordaba eso, sucaba la pringue del plato con una elegancia que me abstraía. Puro encandile—.

Y yo, así, fusionado a lo Goku y Vegeta, me sentía más que yo. Más que uno. Lo mismo que en aquel mito de Platón.

Para besarla estaba la calle. La cola del cine, la frutería, el parking del puticlub. Le desempotraba sus gafotas y ella se aniñaba en una mueca traviesa. Dios, qué linda era mi fea. Ignoraba qué le gustaba, o disgustaba, qué papeos, pelis. Tampoco le confesé mis neuras o predilecciones. Permanecíamos, tras cada cita, íntimos desconocidos.

Un paréntesis, que regreso a Torrelodones. Allí me codeé con un viejo ex concertista de piano degradado a profesor por su adicción a la ruleta. Este pavo me contaba de dos alumnos suyos que podían haber jugado la Champions, pero que los cogió espigados, y que a derrapar con el piano no se aprende con los huevos negros. Coplas sueltas sí, el repertorio de una orquesta de bodas y comuniones, pero san seacabó. Y lo lamentaba porque, me decía el viejo ludópata, a pesar de las limitaciones técnicas y el Danone caducado, aquellos alumnos suyos fueron agraciados con «lo que no se enseña».

Lo que no se enseña.
Adelita albergaba quintales de eso que no se enseña.
Que o se tiene o se envidia.

Chon organizaba en la finca unos fiestorros infernales y en uno, por gallear ante las jacas, se le pelaron los cables y emborrachó a los pitbulls. Y no conforme con eso, en el desparrame total, les endilgó unos biberones de GHB. Tres amanecieron muertos. Y los otros cuatro paralímpicos. Esta avería a dos semanas de una tanda de peleas patrocinadas por rusos de Benidorm. Apuestas suspendidas, rollos peligrosos con varias familias, un follonaco tremebundo. Álvaro meaba fuego. Al Chon casi lo castra. Yo no cobré porque me escaqueé camuflado entre los bidones y las chatarras de la furgoneta de Adelita que vino a pegarme el toque. Me condujo a la estación de Atocha. Me compró un bocadillo de jamón y un billete a la quintapuñeta.

«Cuídate. Y no me olvides».

No me olvides. Solo las tías que no lo precisan se despiden así. ¿El título? En el título se me encendió la bombilla porque nevaba el primer día que la vi y el último.




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5 Comentarios:

PMPilar dijo...

las moscasmuertas-razaaparte
son de las armas, tomar
cuatro tragos desconcierto.
lo peor
más que follar a tiempo parcial
(lo que fuimos, 'semos'. amor e invierNOS)


abrazo

PMPilar dijo...

las moscasmuertas-razaaparte
son de las armas, tomar
cuatro tragos desconcierto.
lo peor
más que follar a tiempo parcial
(lo que fuimos, 'semos'. amor e invierNOS)


abrazo

Sonsoles dijo...

Estoy de pie, aplaudiendo, y ... (espera, un momento que se me abre la bata de tanto batir palmas :P)
es que ... no sé q coño decir, pero me has dejado pegada a la pantalla del ordenador, leyendo, embobada. Quiero, necesito y espero más de esto.
Que bueno tio.

Besos

Le.chatnoir dijo...

Fantástico!

Besos.

David Mariné dijo...

lo suyo era pura invisibilidad.
lo nuestro un mal aire.
besos my friend.

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