El dios blanco de los negros

Creo en Dios de aquella manera;
me lo llevo al fumadero,
de apalanque a la plazoleta,
a la riera
y otros puticlús.

Hemos vivido mucha mierda juntos
—también hermosuras—,
hablamos poco,
no nos pedimos satélites,
ni nos pisamos los polvos,
pagamos nuestras rondas
y lo principal
le hacemos tilín a distinto tipo de mujer.

Estamos
pues
condenados a entendernos.




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Textos del CdC bien peinados

Paisajes y paisanajes

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