El maratoniano etíope

A Autógeno; El Peso del Universo

Hay un hombre
que se come la mano
y rabia con el mudo hervor
de un idioma domado.

Hay un hombre
exhausto de espigar un faro milenario
que titila sobre negras espumas
y negros acantilados.

Hay un hombre
palpitante de sangrar salado
que se hizo dios de morirse
en cada solitario tranco.

Hay un hombre
en la inmensidad de lo humano
que se detiene, otea el horizonte
y corre cansado.




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2 Comentarios:

Manuel Marcos dijo...

No pierde pulso tu poesía, Antero.

Un abrazo.

miss desastres dijo...

Inmenso

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