Puerco mantel

Cuando se calentaba la discusión sacaba a relucir su alta alcurnia como un antiguo echaría mano de un principio de autoridad imposible de rebatir. «¡Vamos, caballero, por favor, que los Azcárate jamás de los jamases sustentaríamos una hipótesis desencaminada!». Leído ahora puede hacer chiste, pero en el entonces, cuando la vida se vivía, y era carne y no cuento, nos despelotaba los nervios hasta el punto de no ganarse dos buenas puñadas puesto que su rancio abolengo no le suponía morral que le entorpeciera la carrera.

Porque que se luzcan plumas cuando se es pavo real, aunque te fastidie ese emperifolleo y a martillazos lo peinaras, viene con las leyes naturales que peonzan el mundo, como la lluvia mojada o el mear para abajo, pero alardear de sanguíneo azul, y crecido linaje, y vitolas de hidalguía, y un capazo de subidos encumbramientos cuando llevas toda la vida de Dios comiendo en puerco mantel y alargando las sobras del domingo, desquiciaría la piadosa reputación del santo Job, y pese a tratarse de quien se trataba, una buena somanta del bendito se habría ganado de no andarse presto con la espantada.








Julián Barón

2 Comentarios:

P MPilaR dijo...

Cuando la vida se vivía, inmortal y tal y tal, todo menos el abolengo se nos estropiciaba.
Ahora, nos,
tenemos, nos, cuaderno de reclamaciones pa todo.
Semos fe
li
ces

Vas

P MPilaR dijo...

Cuando la vida se vivía, inmortal y tal y tal, todo menos el abolengo se nos estropiciaba.
Ahora, nos,
tenemos, nos, cuaderno de reclamaciones pa todo.
Semos fe
li
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Vas

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