Tamborileándote

¿por qué más oigo tu cuerpo
que tu nombre?

¿por qué deletreo rincones de tus magras chichas
y te extraigo pálpitos
tan tú tañida?

¿y por qué me enquisto
          forastero
          maldolido
si pretendo tu nombre?



—¿A ti no te pasa que cuando te ponen los cuernos a degüello, no cuando te pirulan, no, no, me refiero a cuando alguien que te camelaba te la hinca hasta la bola, te duelen las manos? Alfilerazos en las yemas de los dedos. Y se te enroscan de yaya. Las manos. Ramas de olivo. ¿Eh?, ¿no te pasa? Eso del corazón es un embuste. Se inventaron lo del corazón para despacharlo lejos. Y desfigurarlo. Y que no lo toquemos.
—¿El qué?
—El jamón, Coplero, el jamón.

5 Comentarios:

María Góngora dijo...

joder, yo es que cada vez que vengo a leer acabo con los ojos escarchados...y no precisamente de frío.

beso.

Le.chatnoir dijo...

jajajajaja que bueno! hoy precisamente he hecho un dibujo que le va que ni pintado a tus palabras. ¿Casualidad o telepatía? ;)

Besos.

Manuel Marcos dijo...

Doctor Rataplán, me urge esta medicina, este cataplasma de versos carnales, qué gustazo leerte.
Salud, Antero

David Mariné dijo...

sí a todo. y también al paño de cocina que lustra mi cornamenta.
un abrazo.

Beatriz Boca dijo...

Antero en su máxima potencia!

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