Cuero viejo

Sin haber salido de sus cuatro paredes en treinta años, sin saber hacer la o con un canuto, el remite de una carta leída por las vecinas como brújula (ciudad sanitaria Virgen del Rocío, av. Manuel Siurot, Sevilla), dos mil duros amarrados al sostén y la portada del LIB 77 cosida a una estampita de San Antonio, para invocar al santo espabilado, con el pinocho mentiroso y atento a los zarandeos del camino.

Tardó dos dientes, el costillar encendido de cardenales y tres semanas; ajilando siempre en autobuses y cercanías, por si encartaba el tropiezo, y Satanás sorprendía al santo con la herramienta morcillona, pudiera dársele pronto remedio.

La buena y la mala suerte las tuvo siamesas, pues así fueron alumbradas al mundo. En Vilanova y la Geltrú le mangaron las diez mil pesetas, en Sagunto le ofrecieron techo y plato por caridad, en Albacete la apalearon por sestear en un parque, y en Linares, un taxista, se tomó un lunes de vacaciones y la puso en la recepción del hospital. La vieja, por devolver el favor, se emperró en lavar el 2 caballos, pero Ignacio Válmez se negó. «Quite, abuela, que se me remueve la madre en la tumba».

No te describo el alegrón de la zombi de la habitación 438 cuando asomó por la puerta porque en cuestiones de lloreras ¿quién no aburre con sus Bambis o sus almorranas? El caso fue que la mocita no resistió demasiado, ponle mes y medio. En ese tiempo la vieja montó guardia a su vera. Dormía en una butaca y comía las sobras de las bandejas de las sanitarias, y por no estar inservible, y que a las doñas les durara la manga ancha, ayudaba a barrer pasillos y mudar camas.

Veló sola a su nieta,
arrebujada en su rebequilla oscura,
en el depósito de cadáveres del hospital
y la enterró donde le dejaron dicho
un sábado de golondrinas a ras de suelo.

Luego, escritas sus cruces en los papeleos, se despidió de la enfermera morena que la arropaba por las noches, se guardó las tres peras, la barrita de chóped, los dos yogures y el jamón dulce que había racionado, y se las apañó para regresar a sus cuatro paredes tal como la vimos irse.

Seca, callada, andando ligerito
y sin derramar una lágrima.




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6 Comentarios:

Paloma Corrales dijo...

Me parece que ya lo había leído (¿puede ser?). Infinita tristeza, eso es lo que me hace sentir.

Besos.

Ps. ¿te he dicho que es muy bueno?

Anonymous dijo...

Hola :

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Roxana Quinteros

CAOS dijo...

Yo no puedo contigo...

(no sé cómo suena, pero quiere decir algo bueno)

emocionas.

Charcos dijo...

hoy necesitaba llorar con este texto que tanto me gustó la primera vez, es tan de verdad

eres la leche

besicosss

Sarco Lange dijo...

Por favor, desde el otro lado te hago espacio en mi mesa.

Abrz.

jojoaquin dijo...

es magnífica tu capacidad para crear personajes entrañables y dignísimos. Genial. Saludos

Textos del CdC bien peinados


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