En el mismo sitio, a la misma hora

«No compres mecheros,
de eso trata nuestra película»

Por mucho que los cartílagos rechinen, las escoceduras
se adentren, el insomnio empapele de cutres estampados,
por mucho que sepas que con el cigarrillo de la oreja,
          tatuado cigarrillo,
recuperarás el rumbo y el compás,
por mucho que se apelotonen los muchos
          nunca,
          te lo suplico,
          nunca le pidas fuego al diablo.

Te lo bajas a la plazoleta del Obispillo
a sudar agobios en un 21,
a puliros unas litronas por Andrés Montes,
a echar cálculos sobre las tragaderas de las mocitas,
          pero nunca,
          te lo suplico,
          nunca le pidas fuego al diablo.

O lo conduces a la Renfe, a la bodega del Pereda,
o que te acompañe a por la metadona, o al Inem,
o al mercadillo de Santa Ana,
o a la quimio de Irene, lo que se tercie
          pero nunca,
          te lo suplico,
          nunca le pidas fuego al diablo.

Tampoco te sobres o tires cohetes si vas sacando el jornal
porque a la despedida, con la noche,
en las escaleras del Águeda, echará a rodar el vacío ganso.
ÉL, que es más perro por viejo que por oficio
estará al loro y te sonreirá
como deberían prohibirlo los estatutos,
sabiéndote marioneta, sabiéndose dueño de tus hilos.

Pero tú,
te lo suplico,
muerde dientes, ahuyenta cuervos, respira cuesta arriba
          y nunca,
          nunca le pidas fuego al diablo.

Y si comprobaras que te derrumbas,
que te vence por goleada,
que su mueca cala y mata
recurre al protocolo de emergencia; gana tiempo,
marca distancias
y dejándole clarito que te tiene en sus garras
le pasas el cigarrillo de la oreja
y vuelves a quedar con ÉL mañana.




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3 Comentarios:

Charcos dijo...

qué bueno Antero, qué bueno

besicoss

Sarco Lange dijo...

Sabio y cristiano consejo. Me alegro de todo esto.

Abrz.

jojoaquin dijo...

magnífico. Muchas veces me pregunto cuántos quintos echaron la vida a perder y cuántos no porque aquel día andaban por la otra acera, por la distancia de una puta casualidad. Así es como aparece el diablo. Quien se busca la ruina, en cierto modo, es responsable; pero no quien se topa así con ella. Un abrazo

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