Cinco segundos

A mí se me engurruñó el ego a los dos días de currar como cámara en "Fandangos SA", una productora de cine porno de Barcelona. Eso de las pollas descomunales debería estar perseguido por la Corte Internacional Penal de La Haya, o erigirse en un tamaño inalienable de la condición del hombre.

O todos o ni Satanás.

¿Vosotros habéis visto —pero ver de casi mamarlas— trancas de esas que ponen a los chochos de las tías dando palmas? Y no me vale enjauladas en la pantalla del ordenador, digo tenerlas vivitas y palpitando a una cuarta tuya, chorreando centrales lecheras asturianas y comiéndote del orden de 400 primeros planos diarios. ¿Eh?, ¿las habéis visto en ese plan, empañándote las gafas?

Vaya si deprimen.

Y que no me vendan crecepelos ni paraísos tras diñarla, que los tíos hemos nacido para ser unos cabrones con trompa, así nos ideó dios, la cuñada de dios, o los extraterrestres que juegan a los Sims con nosotros. Y que precisamente ahí, y no en otras mandangas, radica el origen de la infelicidad humana, porque cuando se putea con una pilila de pitufín o de complemento a la granja de Pin y Pon, el chisme no acaba de rular y admite al enteraíllo de turno que solicita el libro de reclamaciones; sin embargo, cuando la capullada te la endiña una señora manguera de bomberos, una pitón imperial: ajo y agua. Que pase el siguiente, la siguiente, los siguientes.

Y a las pruebas me remito, todos los actores que he conocido en la productora son felices. Forrados de pasta es lo de menos, digo felices. Felices que explotan. Y eso les viene de la polla. Del pollón. Y de ser cabrones a sus anchísimas.

Excepto un rubiales de Lituania, que a pesar de pendulearle una longaniza donde cabía tatuada a escala 1:1 la Capilla Sixtina, iba de figurín. Recibía clases de piano, se apañó una biblioteca de veintipico mil libracos, y tiró abajo medio chalé en Sant Cugat para apalancar un telescopio que le chorró a la Nasa.

—Fíjate, allí están las Pléyades…

Y se matriculó en Bellas Artes en la Autónoma.

—Se pinta para ver de verdad.

Y al primaveras no le ponían berraco las tetas asiliconadas de Cris o Mabel, que él las prefería creíbles, chiquitinas, de ninfa.

—Un hada que chapotea por los ríos.

Agarraba unos pedos apocalípticos este pamplinas lituano, de los que dejan al hígado solicitando asilo político a la asociación nacional de trasplantes, y me largaba llorando a moco tendido que su novieta, Yarinosequé, se le murió de un cáncer de abajo. Y que fue, según él, de tanto follar, que no se fundía las ganas, que era verla, o menos, olerla moverse, y tener que empalarla, y que detestaba esta puta vida, este ir sobreviviendo sin Yaripuñetas, este deshojar calendarios, esta profesión, su polla.

Su polla, decía el membrillo. ¡Que odiaba su polla!

¡Cómo se va a odiar la picha de King Kong que te tocó en la bonoloto! Se odia a los culés o a los pericos, se odia al vecino, al jefe, a las exs, al cuñado que te restriega por la jeta que veranea en Cancún, o si te pega un ataque de farfollura, las guerras, las injusticias, el hambre y tal y tal, pero no tu pollón. ¡Retrasado, no tu pollón!

Pues dos años estuve yo de canguro de aquel pollón lituano, pagando gin tonics a destajo y vigilando por encargo de la productora que su principal estrella solo desparramara cuando no había rodaje, porque el notas me había cogido cariñura y me pedía como consorte de juergas.

—Me agrada tu compañía, me curas por dentro porque sabes escuchar.

Y yo lo que sabía, lo que bordaba cuando me encasquetaba aquellos rollos patateros sobre esto y lo otro, era cagarme —sonriendo— en su puta madre.

Pero vamos a lo que vamos, que quiero ir chapando este acceso de sinceridad; una noche de estas, ya en su pedazo de chalé, él muy puesto y tirado en el sofá, sin enterarse de la lituana que lo parió, me quité los pantalones, me senté en sus muslos, le bajé la bragueta, y me acoplé en mi entrepierna su rabo.

Su pitón imperial.

Fueron
cinco segundos,
lo juro.

Me levanté despacio. Me hice un pajón en la boca del lituano. Me cagué en el fregadero. Y me piré de allí llorando lagrimones de verde rabia.

Joder, con lo cabrón que hubiera sido yo con una polla así.




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11 Comentarios:

El hombre de Alabama dijo...

No se me ocurre nada más que decir

"qué gráfico".

la chica de las biscotelas dijo...

jajajajaja! a mi a veces también me gustaría que me creciera uno así en la entrepierna!
qué bueno!

chatnoir dijo...

juas, juas, juas...pero si una cosa así te tiene que reventar! hombre de poca fe! xD

Besos.

Charcos dijo...

que noo que eso es una leyenda urbana

creo

;)

Sarco Lange dijo...

Yo te creo que fueron sólo 5 segundos. Pero no sé si fueron eternos. Tremendo texto, socio, TRE-MEN-DO.

Abrz.

CAOS dijo...

genial, simplemente.

:)

Bigmouth dijo...

Ya lo dije una vez. Antero es Dios y lleva boina. La puta leche que he mamao que pedazo de entrada. Bravo Antero me quito el cráneo amigo.
Un abrazo maestro.

Mothman dijo...

Descomunal texto en barra… que rompe represiones, hímenes, esfínteres y lo que se le ponga por delante.
Un abrazo

El Chus dijo...

HOSTIAAAAAA... Es la entrada más mejor del mundo, Antero.

La madre que te parió, es BRUTAL. Estoy en pleno subidón de adrenalina. La paja no te la has hecho en boca del lituano, so cráneo, te la has hecho en nuestros morros poetas... JAJAJA

El rabo y las dos orejas pollo. QUE PEDAZO DE ENTRADA, POR DIOS...

jojoaquin dijo...

Yo estaba convencido que Dios era negro y resulta que es lituano. Un final genial. Un abrazo, amigo

Calixta Occam dijo...

Es cierto...y también es cierto que no les pasa a todos los hombres, no es habitual y si que tiene importancia, porque el gatillazo no entiende de tamaños, ni de razas, ni de profesiones, así que no le tengas envidia, un tio con semejante manguera, odiaba su polla por que no siempre izaba bandera y eso si jode porque jode la jodienda jajajaa.
De lo mejor que he leido en tiempos, la sinceridad siempre es una genialidad.
Aplausos, pulgares arriba y reverencias.
Un bes

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