Otra de calle y hueso

Historieta al canto, que me apetece contar como si os contara. Madrugada, estación de Sarrià, en un banco un él y una ella abrazados de besos. Pipiolos. Por los 16 ó 17. Se distinguen fácil los besos de antes y de después de inaugurarse la carne, ¿eh que sí? Bien, nuestra parejita traía la carne inaugurada. En estos hoys los críos nacen ya follados.

Ella, los ojos cerrados, embestida entera en el beso, «engarzándose en zambullida donde los fugaces horizontes del querer» (cuando me embarga lo pamplinas deberían multarme) y él, los ojos abiertos, pero que muy abiertos, desplazándolos veloces, en estado de alerta. Fue eso lo que me picó la curiosidad, los bandazos del pavo con la vista. ¿Un moscardón? ¿Un tic a lo síndrome de Tourette? ¿Una moda rapera? Me despejo el cuelgue y observo con detenimiento. Y resulta que el tiparraco jugaba con el móvil o el iphone a la espaldas de ella, oteando por encima de sus hombros. Y la melodía que yo tomaba por el hilo musical de la estación de hecho procedía del aparatejo.

El puto tetris.

Ya superé la edad de medirme la longitud y el grosor de la razón con la peña, pero, creedme, me pareció un gesto nauseabundo, vil, aniquilador de lo bonito, y estuve a esto de pegarle el toque a la pava, «ojito, criatura, que tu principito azuleras desciende de una rana asquerosa». Pero antes de reparar en que, joder, tío listo, ella también debía estar al loro de la musiquilla ¿no?, van y se descosen. Él le entrega el iphone a ella. Ella examina el artilugio. Y replica chulita:

—Bah, lijarás tú la estantería.

Ella inicia su partida y se remanga la falda a medio muslo. Él enciende un cigarro y, con la manita desocupada, le monta a su chavala una sesión de dedo.

Me puse ñoño. Qué camaradas de aventura. Qué complicidad de amantes veteranos. Con qué hermosura antispielberg, de calle y hueso, impregnaron la estación de Sarrià aquel par de mocosetes de mierda. A otros le empalmará la polla del alma las cataratas del Niágara, jalar en El Bulli, las fotos de gatitos dormilones, invadir Iraq o protestar contra la invasión de Iraq. A mí la vida desplumada de refajos. Ancha y dueña.

Mi tren. Cruzo a la vera de los mocosetes y les doy las gracias. Debí desconcentrar a la pava (¿y ese notas?, ¿las gracias?, ¿a mí?, ¿a nosotros?) y ya sabéis lo que se tercia cuando no se ubican ok las piezas del tetris (y más a los niveles machacas en los que se moverían esos dos), que montañean en un pispás, porque en el vagón escuché ese ninonanuuuuuu del game over.




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6 Comentarios:

Jesús Alcalde dijo...

Cuando te pones escritor estás muy guapo, Antero. De verdad.

Sarco Lange dijo...

No mereces estar solo jamás. También de verdad.

Besote.

Lila Biscia dijo...

de verdad, de verdad, me enamoro perdidamente cada vez que te leo!
sos tan genial!

besos ♥

Le.chatnoir dijo...

Fuuuuaaaaa pues anda que no pilla el Tetris...una servidora estuvo un verano tan pillada que solo le faltó follar mientras mentalmente colocaba figuritas...!!! jajajajaaja

Besos!

estela ela dijo...

Qué bien cuentas. Una historieta para rechupetear como un muslo de pollo hasta el hueso. Con ganas.

Menteinvisible dijo...

Yo fui tetrinomano
soy besofilo y
entiendo la intensidad del record,
la dulzura de las Tes, eLes
y la humedad de los cuadrados,

Tu historia sin-par intensifica los recuerdos
primigenios del amor al Tetris y de la juventud divino tesoro

Gracias y un abrazo

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